
Vírgenes perpetuas, reconstruidas, mártires, provisorias llenas de gracia, manantiales de generosidad (…). No engañas a nadie, eres honesta, íntegra, perfecta, anticipas tu precio, te enseñas; no discriminas a los viejos, a los criminales, a los tontos, a los de otro color; soportas las agresiones del orgullo, las asechanzas de los enfermos; alivias a los impotentes, estimulas a los tímidos, complaces a los hartos, encuentras la fórmula de los desencantados. Eres la confidente del borracho, el refugio del perseguido, el lecho del que no tiene reposo".
Extracto de un texto de Jaime Sabines titulado ‘Vuelo nocturno: canonicemos a las putas’.